viernes, 11 de octubre de 2013

No a la corrupción, y menos en el PSOE

La corrupción política lleva años dominando los titulares de las noticias. Es una corrupción que afecta a todos los partidos. El caso Gürtel, con Bárcenas y el PP como protagonistas, nos presenta a un Mariano Rajoy sin voluntad de actuar para despejar toda duda sobre su responsabilidad en un caso de corrupción que salpica a prácticamente toda la plana mayor del PP. Es un verdadero escándalo que debe ser explicado donde debe hacerse: en el Parlamento. Pero el PP, lejos de colaborar y de limpiar su nombre, pone trabas y dificulta la investigación borrando, al parecer, discos duros con información comprometida, e impidiendo el debate público en el Congreso.     

Pero estos días también estamos viendo cómo la corrupción, en mi opinión, no es castigada como se merece. El juez ha impuesto unas penas muy leves a los protagonistas de la trama de corrupción por excelencia, la del Caso Malaya, en Marbella. Una oportunidad perdida para dar una clara señal a los corruptos de que la Justicia, tarde o temprano, castigará a los culpables. Espero que el juicio a Carlos Fabra, el ex presidente del PP y de la Diputación Provincial de Castellón, que ha comenzado hace pocas semanas, sí sea ejemplar. A Fabra se le acusa de fraude fiscal, cohecho (recibir dinero a cambio de una acción) y de tráfico de influencias. Es una oportunidad muy buena para que la Justicia protagonice la lucha contra la corrupción y demuestre a los españoles que es, verdaderamente, imparcial y eficaz.

Pero no hace falta esperar a que la Justicia intervenga para tomar medidas. De hecho, los partidos políticos estamos obligados a actuar antes. Como ha hecho el PSOE en Andalucía. El caso de los EREs es una vergüenza. Un socialista nunca debe permitir que esto ocurra en el seno de nuestro partido. Todos los culpables deben ser señalados y expulsados, entregados a la Justicia para que sea ella la que imponga un castigo ejemplar. No se puede jugar con algo tan serio como el dinero destinado a los trabajadores, y menos en los tiempos que corren. Por eso me siento orgulloso de los socialistas andaluces, que no se han aferrado al sillón. Estoy convencido de que José Antonio Griñán no sabía nada de la trama, pero sí era el responsable político de los imputados. Pero antes de meter a Andalucía y al PSOE en un aprieto decidió marcharse. Un ejemplo para los que consideramos que la corrupción es más que condenable y, en el caso del PSOE, absolutamente inadmisible. 



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